Internet de las cosas
Empezó en los años 70 en la milicia, luego pasó a la academia y ya en
los 90 se dio el “boom” del Internet comercial, conectando las computadoras de
escritorio en las casas y oficinas. El avance las tecnologías convirtió la red
en un sistema inalámbrico que ahora llega a los gadgets que todos conocemos,
como teléfonos inteligentes y tablets.
La idea detrás de IoT es que todo aparato, electrónico o no, sea capaz de tener una dirección IP que lo identifique y de esta manera conectarse a Internet de diferentes formas, ya sea a través de señal Wi-Fi u ondas de radio de baja frecuencia.
Las aplicaciones de Internet de las cosas
Las aplicaciones de Internet de
las cosas son ilimitadas. Los cosas que se pueden conectar también. Medicina,
agricultura, salud, educación, manufactura, turismo, seguridad, son tan solo
algunas de las áreas en que ya se está aprovechando Internet de las cosas. Y
objetos cotidianos como zapatos, ropa o carros, aunque no son estrictamente
tecnológicos, sí se les están conectando sensores y microchips para realizar
mediciones y hacer labores de monitoreo.
Los sensores se comunican entre
sí y con otros aparatos para enviar información de todo tipo, como por ejemplo:
ubicación, temperatura, velocidades, o en el caso de aplicaciones para la
salud, signos vitales como ritmo cardiaco y presión arterial, datos que pueden
viajar de inmediato al expediente electrónico de un paciente. Y la aparición de
los relojes inteligentes o smartwatchs son un ejemplo extremo de
miniaturización de un artefacto conectado a Internet.
Seguridad
La empresa Hewlett Packard realizó un estudio en 2015, reportando que entre otros hallazgos respecto a los dispositivos IoT, el 70% de ellos tiene vulnerabilidades de seguridad en sus contraseñas, hay problema con el cifrado de los datos o los permisos de acceso, y el 50% de las aplicaciones de dispositivos móviles no encriptan las comunicaciones.











